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miércoles, 29 de febrero de 2012

DIMISIÓN DE ALFONSO XIII (1931)

"Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo el amor de mi pueblo. Mi conciencia me dice que ese desvío no será definitivo porque procuraré siempre servir a España, puesto el único afán en el interés público hasta en las más críticas coyunturas.

Un Rey puede equivocarse y sin duda erré yo alguna vez; pero sé bien que nuestra Patria se mostró en todo momento generosa ante las culpas sin malicia.

Soy el Rey de todos los españoles y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero resueltamente quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro, en fratricida guerra civil. No renuncio a ninguno de mis derechos porque más que míos son depósito acumulado por la Historia, de cuya custodia ha de pedirme un día cuentas rigurosas.

Espero a conocer la auténtica y adecuada expresión de la conciencia colectiva y mientras habla la nación suspendo deliberadamente el ejercicio del poder real y me aparto de España reconociéndola así como única señora de sus destinos.

También ahora creo cumplir el deber que me dicta mi amor a la Patria. Pido a Dios que tan hondo como yo lo sientan y lo cumplan los demás españoles."

14 de abril de 1931
Don Alfonso XIII

domingo, 26 de febrero de 2012

CORONACIÓN DE ALFONSO XIII (1902)

Al recibir de manos de mi augusta y muy amada madre los poderes constitucionales, envío desde lo más profundo de mi corazón un saludo afectuoso al pueblo español.
La educación que he recibido me hace comprender que ahora pesará sobre mí deberes que acepto sin vacilar, como sin vacilar presto juramento a la Constitución y la ley. Cierto es que no he adquirido aún la necesaria experiencia para encargarme de tan gran misión como la que me ha sido confiada. Pero mi deseo de responder a las aspiraciones del país y mi intención de vivir en perpetuo contacto con mi pueblo son tan grandes que espero recibir de su inspiración lo que el tiempo tardará en enseñarme.
Pido, pues, a todos los españoles que me concedan su confianza. En cambio, yo les aseguro mi devoción completa a sus intereses y mi inquebrantable resolución de consagrar todos los instantes de mi vida a la felicidad del país. Aun que la Constitución fija los límites en los que se debe ejercer el poder real, no fija los deberes de la monarquía. Estos límites nunca serán contrarios al deseo que tengo de conocer las necesidades de todas las clases sociales y de aplicar todas mis facultades a la prosperidad y la defensa de su bienestar que me han sido confiados por la Providencia. Si Dios me ayuda, si el pueblo español mantiene el apoyo que dio a mi augusta madre durante la regencia, tengo la seguridad de poder demostrar que antes de ser el primero en la jerarquía lo seré en el sacrificio a la patria constante atención a todo lo que pueda contribuir a la paz, a la grandeza y a la felicidad de la nación española.